jueves, 18 de febrero de 2016

EL COMBATE DIARIO

Como todos los días el despertador suena a las seis y treinta y uno de la mañana, sentado en la cama con mis codos apoyados en mis rodillas y mi cabeza mirando al suelo dejo pasar el tiempo hasta que llegan las seis y treinta y tres. Son dos eternos minutos, minutos que mi cabeza no para de preguntarse si cierro los ojos y me vuelvo a dormir.
Como un boxeador cuando suena la campana una fuerza que no se de donde surge me hace ponerme en pie. Me preparo para mi combate diario, la lucha contra un trabajo que odio, con una vida que no quiero, pero al fin y al cabo es la que me ha tocado vivir.

El olor del café se mezcla con disolvente y acuarela. Anoche me acosté tarde intentado acabar lo que hace meses empecé, un gran cuadro que estoy haciendo. Mi gran obra maestra, el cuadro definitivo que por fin me haga salir de esa maldita fábrica.
Me paso más de diez horas frente a una enorme máquina, encajo pieza, aprieto botón rojo, encajo pieza, aprieto botón rojo. Llevo más de veinte años haciendo lo mismo, aunque lo que realmente quiero es ser pintor y vivir de ello. Esa es mi verdadera vocación pero las embestidas de la vida me ha llevado a un polígono industrial en medio de la nada, rodeado de puentes de autopistas, vías de tren y oscuridad, mucha oscuridad.

Antes de irme abro lentamente la puerta, sólo se oye la respiración entrecortada de ella. María tiene cuatro años y la adoptamos hace dos. Nació en China y es lo mejor que me ha pasado en mi vida.
Al principio era muy reacio a la adopción, sólo quería hijos propios, pero con el paso del tiempo cambié ese primitivo pensamiento para darme cuenta que ha sido la mejor decisión que tomamos Eva y yo en su día.
María es el chute que necesito cada día para no tirar la toalla y luchar por lo creo, para intentar conseguir mis sueños. Es mi café doble de las frías mañanas. Si no formara parte de mi vida, seguramente estaría viviendo y haciendo otra cosa. Ella es la que me hace tener los pies en el suelo, no puedo dejar el trabajo, no puedo ser tan egoísta...

Salgo de casa y después de dar un beso a Eva, el amor de mi vida, me giro y la veo detrás de la ventana refugiándose del frío, sonriéndome y haciéndome el gesto de Vamos!!! A por ellos!!! No te rindas!! No te dejes caer!!!!!
 
Suena la campana convertida en sirena, se encienden los focos del cuadrilátero convertidos en grades fluorescentes, cierro los ojos y me dejo llevar por la música de mis cascos. Me quedan por delante diez asaltos convertidos en horas. Al otro lado mi contrincante, grande, frío, rápido...mi mirada se clava en ese maldito botón rojo. Empieza mi combate y mis sueños se escapan a través de una ventana abierta.
Mañana será otro día, quizás ése en que después de pasarme toda una vida luchando  llegue mí gran oportunidad y al final mi sueño no se escape por una ventana entreabierta de esta maldita fábrica que se ha convertido en mi propia celda.