miércoles, 11 de febrero de 2015

LAS COORDENADAS DE MI VIDA

Sentado en un viejo y escondido banco de la estación con los pies estirados y reposando en mi compañera de viaje convertida en maleta empiezo a liarme un cigarrillo y eso me recuerda que tengo que dejar este maldito tabaco que me esta matando y que me hace toser por las mañanas con la sensación de
que por un instante puedo llegar a echar los pulmones por la boca. Son las nueve de la mañana y en menos de lo que dura una canción cogeré mi tren , ese tren que me va a hacer borrar el pasado y empezar a dibujar mi futuro.


Como una coordenada que apunta al Norte, Norte convertido en futuro incierto por lo que su llegada me pueda deparar, miedo de ese Norte que me da inseguridad al girar la esquina del tiempo, tiempo que se resbala por mis dedos de una forma devastadora mientras lucho por detenerlo burdamente ya que las consecuencias de su paso por mi vida se van reflejando en las arrugas de mi cara que van asomándose de una forma vergonzosa y sin avisar, recordándome que tengo que correr aún mas rápido para cumplir todos esos sueños que no me dejaban dormir aquellas noches de verano sentando en el balcón de mi casa y haciendo planes de como quería que fuese mi vida.

El pensamiento me lleva al Sur, a mi pasado, a todo aquello que ya no volverá, a ese largo camino que he recorrido desde el principio con gente que ha ido desapareciendo de mi lado y otra que se va incorporando a medida que voy avanzado. Ese Sur convertido en un pasado arrepentido por no tomar las decisiones acertadas, a confiar en gente que no tendría que haberle regalado mi tiempo y que ya no forman parte de mi camino. Nunca aprenderemos de nuestros errores , de nuestro Sur, porque somos como somos y somos lo que somos, y nada ni nadie podrá cambiar lo que al final del camino sólo quedará en este mundo, nuestra esencia, lo que fuimos , el Sur de nuestras vidas.

Miro a mi derecha y apoyada en mi hombro me encuentro a mi Este, a la compañera que un día decidió hacer este camino conmigo y que a día de hoy aquí sigue aguantando mis cambios repentinos de aires y mis repentinas tormentas En este camino hemos atravesado tierras embarradas, esquivado grandes y frías piedras, muros inexpugnables, lobos con piel de cordero, grandes tormentas de arena , bellas rosas de espinas, gente que nos han ayudado en el camino y otros que su único reto era ponerlos pequeñas pruebas para desear aún más seguir caminando pese a la adversidad. No me voy a engañar, ha habido muchos días que me he sentado diciendo que ya no podía mas, otros que pensaba que lo mejor era volver atrás, pero a día de hoy aquí seguimos caminando sin echar la vista atrás.

El tren acaba de llegar al andén, miro a mi izquierda y jugueteando con mi pulgar veo a mi Oeste, a mi pequeño y joven Oeste. Nunca me había llegado a plantear que una cosa tan pequeña iba a hacer de mi camino la cosa más bella, rodeado de sonrisas, de inocencia y de cariño. Esos grandes ojos me paralizan cuando me miran , cuando me sonríe, cuando me rodea con sus pequeños bracitos y nos hace olvidar la frustración de nuestro pasado y el miedo de nuestro futuro. Su olor a inocencia nos acompaña día día , sus ganas por descubrir parajes desconocidos y esas ganas de aprender y empaparse de todo lo que le rodea.

Subimos al tren, empieza este nuevo viaje , nuestro nuevo camino, camino que hace años empecé solo. Esta es mi vida , estas son las coordenadas que me guían y me señalan el camino acertado o no tanto, pero al fin y al cabo , esto es vivir ¿No?