miércoles, 26 de agosto de 2015

LA ULTIMA PARADA

Javier era un tipo apasionado por vivir cada minuto de su vida como si cada momento vivido fuera el úlltimo, él era de los que pensaba que ya que nos había tocado estar aquí pues porque no disfrutarlo, ya vendrían los momentos malos y el final de esta aventura llamada vida.
A Javier siempre se le dibujaba una sonrisa cada vez que la veía bajar aquellas grises escaleras dirección al mismo andén donde él se sentaba todas la mañanas, exactamente debajo del rostro de una mujer anunciando un perfume de una conocida marca. Cada mañana realizaba el mismo ritual , se quedaba de pie justo al lado suyo, miraba el móvil, cogía la goma negra que rodeaba su muñeca izquierda y luego se hacia una cola que le despejaba el rostro.
Después de ésta ceremonia más mecánica que maniática abría su libro , cada dos semanas uno distinto y esperaba los dos minutos que tardaba en llegar el próximo tren.
Todas las mañanas eran iguales, una vez llegado el tren se abrían las puertas de su pequeño rincón con cientos de ojos testigos de aquel amor silencioso que crecía poco a poco. Javier siempre intentaba sentarse los más cerca posible de esta menuda pero hermosa mujer. Luego ella se sentaba al lado de la ventanilla, y volvía a realizar el mismo proceso pero a la inversa, cerraba su libro, se deshacía la cola y miraba el móvil, era una ceremonia mas maniática que mecánica pero que a Javier le encantaba. Se pasaba los doce minutos que tardaba el tren en llegar a su estación observándola, ya formaba parte de su vida diaria, los Domingos antes de dejarse vencer por el cansancio y que le engullera la oscuridad de su habitación recordaba aquellos ojos color turquesa mirando al infinito, ¿Se podía estar enamorado de una persona sin saber ni siquiera su nombre? No tenia respuesta a esa pregunta, pero necesitaba verla todas las mañanas , todos los días, todos los años, toda su vida.
Paula era una chica introvertida que escondía sus bellos ojos color turquesa bajo unas grandes gafas de pasta negra que apenas dejaba entrever sus largas pestañas. Paula se consideraba una persona maniática y reconocía que tenia sus pequeñas manías sobre todo cuando bajaba las escaleras hacia el anden y lo veía allí sentado con una sonrisa y con una gorra de los Yankees de Nueva York que nunca se quitaba de su cabeza, una cabeza que intuía a través de la gorra que carecía de pelo.
Siempre intentaba sentarse al lado de la ventana para verle reflejado a través del cristal y que el no se diera cuenta de que sus ojos no miraban el móvil. Javier se bajaba dos paradas antes y cuando el se disponía a bajar giraba rápidamente su cabeza para luego volver a fijar la vista en el cristal de la puerta de salida, pero ella se ocultaba tras su pelo largo y rizado protegiéndola de esos ojos negros penetrantes que le hacían sentir cosas que nunca antes había sentido.
Así pasaron casi dos años más con la cobardía y el miedo de no acercarse el uno al otro pese que los dos tenían el mismo sentimiento. Una mañana fría de Enero Paula estaba decidida a bajar aquellas escaleras y en vez de quedarse de pie ,sentarse a su lado, quitarse las gafas y decirle “Hola me llamo Paula” pero aquel día y el resto de los sucesivos días Javier no apareció, ya no pudo ver más aquella figura de aquel hombre sentado debajo de aquel rostro de mujer anunciando un perfume, ahora aparecía anunciada el titulo de un libro de un autor novel llamado “La última Parada”.
Hoy es 14 de de Enero y Javier, bueno, a estas alturas se le puede llamar Javi ha cambiado su anden de aquella gris y vieja estación por la de una habitación blanca de hospital y a esa chica de grandes gafas negras de ojos color turquesa por una vieja y refunfuñona enfermera que no paraba de entrar y salir de aquella triste habitación por donde podía ver una de las dos torres que se levantaban muy cerca del hospital.
Como voy a echar de menos el olor a su perfume afrutado, sus ojos escondidos bajo aquellas grandes gafas, las miradas furtivas y todo lo que rodeaba a esas mañanas y me daba fuerzas para seguir haciendo las sesiones de Quimioterapia en este frio hospital , ésta va a ser su ultima parada de su corta pero intensa aventura llamada vida. Cuando Javi viva la otra vida que dicen que hay, seguro que podrá coger a Paula de la mano y esperar juntos la llegada de ese tren que por los miedos nunca pudieron coger juntos.