jueves, 16 de abril de 2015

LA ÚLTIMA FUNCIÓN



“No siempre quien sonríe es feliz. Existen lágrimas en el corazón que nunca llegaran a los ojos “

Una vez acabada la función y de que los allí presentes abandonaran el teatro de forma ordenada y acompasada me llamó la atención una sombra reflejada en la cortina grana del telón, tras unos segundos inmóviles, la pequeña sombra se convirtió a medida que iba avanzando en una pequeña niña de grandes ojos garzos y un pelo rubio rizado que le llegaba hasta la altura de su graciosa cintura.
La niña me cogió de la mano y me hizo sentar en el borde del escenario con nuestras piernas colgando como si estuviéramos viendo nuestra primera puesta de sol. Estuvimos callados durante varios minutos mirando a través de la oscuridad,observados por la soledad de unas butacas y siendo testigos de la debilidad de los focos que poco a poco se iban apagando debido al paso inexorable del tiempo.
Llevaba veinte años dedicándome a esto de hacer reír,ser cómico en una España donde se pasaba hambre era una tarea muy cruda. La niña se acercó a mi,me susurró unas palabras al oído y luego se incorporó y abandonó el teatro de la misma forma como entró, en silencio.
Los años siguientes fueron un calco del primer encuentro con aquella niña misteriosa, mucha hambre, pobreza y caras desconsoladas, la misma que la mía antes de salir al escenario, cada vez mas viejo, cada vez mas cansado, cada vez más de todo. Con el paso de los años surgió una relación muy especial y la niña tímida y vergonzosa de los primeros encuentros se convirtió en una adolescente avanzada a su tiempo, responsable, alegre y dicharachera que me hacia reír sin que nada más me importara en ese preciso momento.

Pero todo eso se truncó en uno de los Veranos que acudí de nuevo a ese pueblo rodeado de grandes y majestuosas montañas, aquella mujer rubia de ojos azules no acudió a nuestra cita anual, al principio, no le di más importancia, pero si lo hice cuando me sentí amenazado por el mismo silencio que vino a visitarme momentos antes de conocerla.
Ya no se reflejaba ninguna sombra en aquel mismo viejo telón grana de hace años, no noté su mano aparentando la mía y no puede escuchar más aquella risa romper como un cristal contra las paredes de ese viejo teatro igual de viejo que yo. Algunos de los vecinos comentan que pasado un tiempo encontraron el cuerpo de una mujer rubia con una nota apretada fuertemente en su su mano en la que rezaba:

Mas que besarla, más que acostarnos juntos, más que ninguna otra cosa, ella me daba la mano y eso era amor “