jueves, 30 de abril de 2015

UNA HISTORIA CUALQUIERA PARTE FINAL


Hoy voy a ir a trabajar al Banco Central, no me apetece andar mucho, además allí hay una señora con el pelo azul que cada vez que me ve arrodillado en el suelo de la entrada del banco me da cinco euros y con eso ya me apaño un par de días.
Cuando nuestras vidas se cruzan mi días se convierten en Domingo, mi paella en Hamburguesa de un euro, mi botella de Cava en vino de mesa y mi brazo gitano en algún cigarrillo suelto que me vende Camilo, el señor que trabaja en el Estanco. Yo también lo tenia todo, un trabajo, una mujer y un hijo. Una tarde de duro trabajo una de las puertas de mi cerebro me la dejé abierta, la consecuencia de esa dejadez fueron cinco puntos en la ceja de mi responsable de sección, un despido procedente, una denuncia por parte del agredido, los papeles del divorcio de mi mujer porque ya no me aguantaba y el seguir la vida de mi hijo desde la distancia, escondido entre los arboles del colegio y los bancos del parque ,bancos donde quizás algún día dará su primer beso con sabor a chicle de menta y regaliz.
Voy a entrar al banco y me encuentro otra vez allí sentado a ese pobre diablo, como siempre le dejo cinco euros, por lo menos que el día se le haga mucho más fácil. Muchas veces tengo ganas de pararme y preguntarle que es lo que sabe hacer y darle algún trabajo en casa , pero entre las prisas y el cabreo permanente que me dejó mi marido no he encontrado el momento para hacerlo.
Al cabo de un rato salgo del banco con ganas de suicidarme, estoy cansado de estos niñatos recién salidos de la carrera que ven en mi a vieja pirada con medio cuerpo metido en el hoyo. Mañana me cojo un vuelo a Mónaco y me dejaré morir entre la infelicidad de estar enamorada toda la vida de un hombre que nunca puede decirle lo que sentía por el que dirían nuestras familias. En cambio la vida me regaló una cadena perpetua con un ser vomitivo y altivo, prepotente y egoísta que su corazón se paró mucho mas tarde de lo que su alma se merecía. Abro la gran puerta corredera que me separa de la calle y me quedo mirando al señor del cojín negro, abro el bolso y le dejo caer un cheque al portador de los intereses que me rentaron el capital de una de las empresas de mi marido, que diablos, a mi no me va dar tiempo a gastarlo y no tengo familia a quien dejárselo.
Una vez recuperado del susto decidimos parar a tomar el aire, pongo las luces de emergencia y aparco en la esquina del Banco Central. María sale del coche cansada y a la vez decida, se acerca a mi, me coge de la mano y me dice lo que yo ya sabia, que no estaba enamorada de mi y que ella no se puede hacer cargo de Saray que yo siempre he querido ser padre y que no me va a pedir nada, sólo quiere seguir con su trabajo y que yo me haga cargo de la niña. Me quedo en shock y mi cuerpo responde con un abrazo, un abrazo frio e inexplicable., hace tanto tiempo que nuestros cuerpos no se rozan...empiezo a llorar....
Ya no aguanto más o se lo digo ahora o reviento, me siento muy mal por decírselo en este momento tan importante de su vida. Una vez soltada la primera parrafada lo difícil ya ha pasado, el me mira con los ojos llenos de lágrimas y me abraza, no hace falta las palabras , solo hay que afrontar las cosas como vengan, porque hagamos lo que hagamos nuestro Destino ya está escrito y tenemos que hacer lo que tenemos que hacer sin pensar en el miedo que podamos sentir a quedarnos solos.