miércoles, 29 de abril de 2015

UNA HISTORIA CUALQUIERA PARTE I



El sonido perdido de un claxon me despierta de golpe, abro los ojos y lo primero que veo es una señora bajándose de un taxi ayudada por su bastón de madera de roble con empuñadura de marfil.
Poco a poco vuelvo a la realidad, esta puta realidad que me rodea con sus grandes brazos de cristales rotos que se clavan en mi espalda, en esa espalda llena de culpabilidad que cargo cada dia.
Recojo las cuatro cosas que forman parte de mi vida, mis cartones, mi viejo cojín de color grana y mi carro repleto de cosas que jamas iba a pensar que me iban a ayudar en una de las cientos de vidas que disfruta una persona como yo, una persona enganchada a la droga y al alcohol.
Son las nueve de la mañana y tengo por delante todo el día para seguir preguntándome como he llegado a esta situación y que es lo que he echo mal en estos cuarenta y cinco años. Supongo que mi forma de ser y de pensar me ha ayudado bastante, el decir lo que pienso sin pensar lo que digo, el ser lo suficientemente egoísta para no tener miedo a la soledad a echo convertirme en lo que soy , un verdadero payaso con la sonrisa tatuada ahogada en cualquier barra de bar, ahogada como los trozos de vida que tengo desperdigados por los bolsillos de mi gabardina que también ha sufrido el duro y rápido paso del tiempo.
A duras penas he podido bajarme del taxi si no es con la ayuda inestimable de ese dichoso bastón que me recuerda la figura del bastardo con el que estuve casada más de cuarenta años.
Hoy tengo visita con el tipo del banco, no se como quiere que le diga que soy la única heredera de toda la riqueza que mi difunto marido consiguió de la forma más ruin que una persona pueda conseguir, robando, mintiendo y pasando por encima de todo lo que se le ponía por delante.
Ahora el niñato este me quiere convencer para que no saque la pasta para irme a Mónaco a vivir y fundirme la pasta en joyas, casinos y tíos que den alegría a este viejo y vivido cuerpo.
La gente se queda mirando y se pregunta como una vieja de casi ochenta y dos años viste de Prada, tiene el pelo teñido de azul y se deja ver del brazo de chicos con edad de aquellos nietos que nunca tuvo por el cruel destino que se cruzó en su camino. Por todo lo que he conseguido en mi vida he llegado un punto que soy sincera conmigo misma, no soy feliz, no lo fui ni creo que para lo que me queda de vida nunca lo seré. ¿Y porque no lo fui? Porque no estuve en el tiempo ni en el lugar oportuno.
La frenada de un coche hace que mi pensamiento desaparezca de mi mente tal y como vino , sin hacer ruido y sin avisar. Al volante, la cara de un joven con la cara desencajada pero con unos ojos llenos de vida , vida que a mi se me consume a pasos agigantados. De pronto veo asomarse entre medio del reposa cabezas un dulce rostro pidiéndome perdón con la mirada repleta de miedos, ignoro lo que ha estado a punto de suceder y continuo con mi lenta peregrinación a través del interminable paso de cebra.
Eduardo casi atropella a la anciana, entiendo que esté nervioso por ser padre, pero le he dicho que me encuentro bien, que no hace falta que corra, solo he dilatado dos centímetros y esto va para largo. Nunca debimos ser padres, el esta emocionado y con ganas, pero yo creo que ha venido en el peor momento, los accidentes se pagan, y lo de Saray lo ha sido. Llevo tiempo dándole vueltas a la cabeza, quiero dejar a Eduardo y no se como, una cosa me ha llevado a otra y ahora me encuentro en el asiento trasero de un coche que todavía no he terminado de pagar y siendo la madre de una niña que va a truncar mi ascenso meteórico en el Buffet de abogados de mi padre. Ademas desde que sabemos que vamos a ser padres nuestras vidas cambiaron, sobre todo la mía, ahora me siento mas agobiada y todo el día observada y juzgada con lo que debo o no debo hacer o comer, como si la gente no tuviera suficiente con su propia vida y tuviera que asomarse por la mía.
Maria esta muy rara, ella me dice que es del embarazo , que tiene las hormonas disparadas, pero yo noto que ya no siente nada por mi y que esta a mi lado por pena, la veo triste y me da la sensación de que no sabe como decirme que ya no me quiere. A veces por las noches cuando no puedo dormir me asomo a la ventana y me gusta mirar las pequeñas luces que parpadean en el cielo, nunca quise vivir al lado del aeropuerto pero Maria necesitaba estar al lado de su trabajo, y todos sabemos que su trabajo es lo primero y ahora yo me encuentro en el ultimo lugar de la lista de sus deseos. Solo pienso en Saray , la pobre, tiene que ser muy fuerte porque va a tener una vida muy dura con la madre que le va a tocar, me siento solo, me siento triste , siento que ya no me siento a su lado.